Posteado por: vinadas1 | 17/09/2010

Carlos Barredo, el Príncipe que emergió de la niebla

Este ovetense de nacimiento y gijonés de adopción entró al mundo de ciclismo de penalti, y es que su primer contacto con la carretera llegó con 15 años, cuando ganó una apuesta a su padre y consiguió su primera “burra

El Norte le encumbró, con victorias en el mítico boulevard donostiarra en la Clasica 2009, etapas en la Vuelta a Asturias; aunque también ganó en puntos dispares (Tour Down Under, Paris-Niza) en su prolongada carrera en la que defendió al Liberty y al Quickstep. Dicen que es familiar y amigo de sus amigos. Luchador allá donde los haya nunca da nada por perdido y siempre echa los restos encima de la bici, la suerte no siempre le acompañó quedándose a un palmo de una victoria en el Tour que le hubiera encumbrado.

Pero, sin duda, su vida deportiva se puede resumir en 3 palabras: Lagos de Covadonga. Y es que la mítica cima asturiana le dio la llave y, 14 años después, la puerta hacia los anales del ciclismo.

Su primer contacto con la cima en la que comenzó la Reconquista allá por 711 fue con tan solo 15 años, cuando era un chaval gordito que apostó con su padre una bici de carretera a que era capaz de subir a la legendaria cima astur, cuando ante el asombro del padre, Carlos desafió la niebla  que le acompañó por las rampas que decidieron vueltas y pedalada a pedalada, latido a latido, logró hacer que su vieja bici de montaña superase el obstáculo que impidió la dominación árabe de toda la península y metro a metro fue acercándose a los mágicos Lagos de Covadonga. El tranquilo Lago Enol pareció sobresaltarse al ver emergir entre el mar de niebla a un guaje que nada más hacer cima bajó de la bici y empezó a gritar como si estuviese poseído y a su padre bajándose del coche para abrazarlo y felicitarle.

Quiso el destino que 14 años más tarde, Carlos llegara en otro día con niebla y orbayu se emocionase al pasar por delante de la Santina escapado y avistase las primeras rampas de ese puerto que le dio la llave de entrada al ciclismo. Quiso la suerte que fuese el mejor y más motivado de los 6 valientes que viajaban en cabeza. Quiso el azar que unos días atrás tuviese un pajarón de los que sientan cátedra y que estuviese mejor que nunca. Quiso la afición asturiana mostrarle su apoyo con pintadas y banderas y llevarle en volandas hacia la cima, pasando uno a uno a todos sus oponentes. Quiso la tradición que como vencedor de una etapa en territorio astur se pusiera la montera picona, y bajo ella había un valiente asturiano que decidió asombrar al mundo con unos pedales, al borde de romper a llorar de la emoción, de que su sueño de guaje se había cumplido, y allí estaba, cual escalador en la cima del Everest, jaleado por los suyos. Quiso su modestía que esa misma noche después de la cena saliera a tomar un helado por El Muro, por el paseo marítimo de su ciudad, Gijón. Quisieron sus paisanos homenajearle espontaneamente y no fueron pocos los paseantes que al verle se detuvieran para felicitarle y estrecharle la mano.

Quiso la diosa Fortuna que el principio y la cúspide de su carrera se dieran en el lugar mágico de Asturias, en un lugar donde el mito, la religión y la historia se dan la mano para forjar la leyenda de la que todo asturiano presume, de derrotar a los gigantes de fuera para profetizar su tierra y para rememorar a Don Pelayo al ser aclamado por los astures en Covadonga.

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Responses

  1. Muy emotivo 🙂


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